Si bien Mourinho no ha legado al Madrid ningún estilo de juego preciso ni cosechó triunfos importantes, sí es notoria la herencia que ha dejado en algunos jugadores, que no se han podido sacudir el carácter conspiranoico de su antiguo entrenador, ni ese mal perder y esa falta de magnanimidad en la victoria.Social Media for Business here
Esa estrategia egocéntrica de “cuando ganamos es por nosotros, cuando perdemos, por los demás” ha calado hondo en algunos jugadores como Cristiano Ronaldo y Sergio Ramos, curiosamente dos de los jugadores con el peso en ego más significativo del planeta fútbol. No es de extrañar, pues, que utilicen esta táctica para que su vanidad quede intacta, apelando a circunstancias exteriores imposibles de controlar, oscuras conspiraciones maquinadas por poderosos caciques en la sombra.
Foto: alemaxale
Yo tenía entendido que los más poderosos son los más aptos para tramar conspiraciones, luego, ¿quién, según ellos, tiene el poder suficiente para conspirar contra el club más poderoso y rico del mundo? ¿Si hubieran intereses económicos por medio, sobornos y demás, no sería el club más rico el que jugara con mayor ventaja? Luego, ¿quién es?, ¿acaso Rusia se unió a Venezuela para urdir esta trama? ¿hay por ahí una secta de anónimos multimillonarios con el único plan de favorecer al Barça?
Los equipos más modestos, que tienen que luchar contra viento y marea, con horarios y calendarios mucho más desfavorables que los de Real Madrid y Barcelona, estarán destornillándose de risa ante los imberbes lloriqueos de los dos Narcisos del Real Madrid, que miran de salvar su status desvinculándose de sus posibilidades, achacando todo a factores externos insalvables y contra los que no pueden luchar. Eso sí, en las victorias se muestran esplendorosos, remarcando su superioridad y sólo eso. Ahí no existen causas externas, ni poderes en la sombra: sólo su valía.
El diferente carácter de los dos clubs, uno soberbio y otro humilde (aunque sea falsa humildad, algo es, aunque sea un respeto hipócrita siempre es mejor que la chulería sincera) se muestra en sus dos grandes estrellas: mientras Cristiano celebra sus goles señalándose y remarcando su presencia ( “aquí estoy yo, admiradme”), Messi lo suele hacer señalando al cielo ( familiares) o a sus compañeros. Esto, quizás, no signifique nada para la juventud, tan acostumbrada ya al desprecio y falta de magnanimidad en las victorias, nacidos de pleno en una época en que la humildad y los valores son castigados en vez de admirados, mientras los déspotas y soberbios campean a sus anchas llenos de condecoraciones.
Esto no debiera sentar mal a los madridistas, sino todo lo contrario: deben imponer su voz para que vuelva ese “club señor” que tan solo jugaba bien al fútbol y que, si en alguna ocasión perdía, daba la mano a su rival y le felicitaba. En un club así perder no sabe tan mal, en cambio, en este club que jalea a su afición para que no vea sus defectos escondiéndose en fantasías, perder irrita sobremanera, gracias a esos grandes jugadores y medianas personas, que luchan para que así sea.
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