Emilio IchikawaSocial Media for Business here
La transición que Adolfo Suárez capitaneó en la segunda mitad de los años ’70 y principios de los ’80 ha sido propuesta a los cubanos insistentemente.
El problema es que el orgullo que hacia esa transición sentían los españoles hace 20 o 25 años como una “etapa ejemplar” en la historia de España, se ha erosionado bastante. Su mirada es ahora más crítica. Hacia la transición, hacia la realidad y hasta la posibilidad de la propia España.
De modo que el aprendiz o mirón cubano, además de con su endémica perplejidad ante la política, debe cargar con los humores de los vecinos ante la suya.
En el día de ayer El Mercurio publicó una entrevista al canciller chileno Heraldo Muñoz donde trataba como un mito la tesis del carácter modélico de Chile. Según dijo Muñoz, Chile no era un “modelo” sino un país con muchos problemas. Digo esto porque Chile es otro de los países que a los cubanos les han recomendado copiar.
También en el día de ayer (por supuesto, antes y después del clásico Barcelona – Madrid, que es más importante que el debate ideológico) la televisión española pasó varias charlas acerca del significado de Adolfo Suárez en la historia política del país. Los comentarios empezaron unos días antes, cuando se comunicó su ingreso hospitalario.
Aunque la mayoría de los balances fueron positivos, hechos con la piedad que genera la presencia de la muerte, algún joven se atrevió a relativizar la valía de la figura de Suárez y, con ella, de la transición española. Esa misma transición que, insisto, tanto se recomienda a los cubanos.
Si eso es así, habría que mirar con sospecha la receta. Como mismo habría que mirar el “modelo ucraniano”, pues es parte del este post-soviético que también se le ha propuesto a los cubanos como paradigma a seguir.
Como sea, hay cosas en Adolfo Suárez que muchos políticos cubanos actuales, en función o en aspiración, deberían mirar.
Suárez se refería a sí mismo como “presidente de gobierno”. El título es mucho más exacto y democratizador que “presidente del pueblo”. Porque quien rige (solamente) al equipo de gobierno no debe esperar obediencia de la ciudadanía, sino apenas legitimidad. Aprobación o rechazo. Indiferencia. A un “presidente de gobierno” no se le ocurriría hacer una alocución mientras juegan el Barcelona FC y el Real Madrid, pero al “presidente del pueblo” seguro que sí.
Suárez entendió bien que era un político. Más exactamente un “estadista”; quizás por eso tenía tanta comunicación con el Rey.
En cambio, los políticos cubanos dan la impresión de ser a la vez muchas otras cosas. Conferenciantes, antropólogos, blogueros, músicos… por ejemplo.
El político cubano, el viejo y el nuevo, quiere hacer la transición y ser además el autor de la banda sonora de la transición; de la igualdad racial en la transición y de la configuración sexual de la transición. Y el cineasta, y el pelotero y el gracioso… Y por si fuera poco, reportar sobre la transición. Ser el periodista de su íntima transición.
Suárez, de quien dicen que ayudada a conectar las cosas en lo personal, en política enseñó a deslindarlas. No confundió el centro con la izquierda (el centro con la derecha es inconfundible); quiso ir más allá del bipartidismo y por eso a lo mejor fracasó. Por lo que se ha dicho de él, es una figura histórica de mi más grande simpatía.Social Media for Business here
Link
0 comentarios:
Publicar un comentario